Besos
Posteado octubre 12, 2010 por varilionamodeluniverso
Querido padre:
Te escribo esta carta, no se a bien el por que, pero la verdad me hace falta una figura paterna en quien dejar todo el veneno que corre por mis venas, esa ponzoña que permea mi piel, el tósigo de tantos años y tantos recuerdos.
Pero no quiero hablar de mi porque se que te aburrirás
y mi carta terminará en el cesto de la basura, a menos que cambiaras y te interese mis dolores, mis demonios, mis rencores.
No te escribo para que supieras
si estoy bien o no, mejor vamos a los asuntos que nos interesan después de tantos años de abandono.
Papito querido y adorado, ¿sigues golpeando a mi madre? Recuerdo que de niña le arrojaste café hirviendo porque te gusta de grano y no instantáneo; andabas de malas por no sé que negocio que se te cayó y sin miramientos lo hiciste; además, la pateaste a pesar que gritaba que necesitaba ir al doctor porque no aguantaba la cara y terminó con marcas en su rostro gracias a las quemaduras de tercer grado.
Supe que le pediste disculpas, pero también evoco las madrizas
que le ponías nomás porque a ti se te hinchaba la gana. Tu forma era muy simple: le dabas una patada en los ovarios y tirada en el suelo, le pateabas el estómago hasta que vomitaba sangre. Así perdí un hermanito que venía en camino y tú siempre pedías disculpa, siempre mi madre te perdonaba y trataba olvidar.
Hablando de mi mamiringa adorada, a lo mejor no eres el mejor para explicármelo, pero me contaron que te puso el cuerno con mi tío Enrique, aquel que vendía droga y de un día para otro se volvió millonario, que nos daba billetes de a 500 pesos a cambio de salirnos de la casa e irnos al cine.
Me acuerdo que desde que lo conocí miraba a mi mami lascivamente
y ella no le incomodaba, hasta pienso que se le insinuaba. Pero la verdad se portó más papá que tu, eso si, algunas veces no me salía y escuchaba jadeos en tu cuarto. ¿Ya ves lo que pasa cuando te vas de borracho varios días y no dabas el gasto de la casa?
Lo único que no me gustaba era que a veces se quedaba hasta
muy tarde. Pero como te recuerdo, siempre andabas en el agua y al llegar, todo estaba como si no hubiera pasado nada. Pero rememoro que andabas siempre ganoso de borracho
y aunque mi madre no quería tener sexo contigo, la obligabas con su correspondiente golpiza. Pero no quiero lastimarte aunque no creo que te agradó mucho cuando te diste cuenta, supongo.
Quiero preguntarte sobre mi hermano Julián. ¿Sigue con la costumbre de meterle el dedo en la vagina de mi hermanita Karla? ¿O le sigue metiendo el pulgar por el ano? Recuerdo que gritaba y gritaba, pero como mi mami estaba echando pata con mi tío y tu andabas de borracho, pues nadie hacía caso de nada; a pesar que intenté varias veces salvarla de sus asquerosidades, me ponía unas madrizas porque él era el hermano mayor y no tenía qué meterme. Bueno, hasta alegaba que era designio de Dios y eso le ayudaría a ser más mujer, una verdadera mujer.
Pero también me hacía lo mismo y tú, ni en cuenta. Cuando fue mi fiesta de tres años, me regaló una cosa grande y larga que después supe que se llama consolador y me lo metió por atrás. Pero me acuerdo que ese día me llevó a mi cuarto a dormir y me amordazó, fue feo, muy feo. Les dije y lloré, pero como era el niño inteligente que sacaría de pobre a la familia, no me creyeron.
Papiringo, ¿te acuerdas que saliste de viaje con mi mami y dejaste a cargo de la casa a Julián? Pues déjame decirte que llegó con sus amigos y echaron chela, pero como se hartaron,
tomaron vodka con Red Bull y se le hizo fácil empezar a manosearnos hasta que cuando nos dimos cuenta, ya estábamos
en la cama, desnudas y asustadas, con una bola de borrachos embramados y se nos echaron encima para violarnos a más no poder. No papi, si hubieras
estado ahí, por muy borracho que estuvieras hubieras hecho algo. Y cuando regresaron de la fiesta, tú venías medio briago y mi mami también,
no vio como me sangraba el pubis. Toda la puta noche sangrando, si no nos hubiera visitado mi tía Gladys, solo Dios que hubiera pasado.
Pero no me creyeron. Confiaron tanto en mi hermanito Julián que prefirieron voltear al otro lado. A propósito de hermanos,
¿sigue mi hermanito
Juan drogándose y vendiendo crack en los antros que frecuenta? De un día para otro, que nunca estudiaba ni trabajaba,
comenzó a vestir con ropa cara –pero con muy mal gusto- y presumir sus esclavas de oro de 14 kilates. Mientras te diera para tu pomo y tus cocas, no había problema, es bien fácil hacerse el que no ve.
Evoco la vez, en la secundaria, cuando llegaron los judiciales
a preguntar por él y cuando me di cuenta, puso su mercancía en mi mochila para que no se lo treparan; para mi bendita suerte ese día revisaron mochilas y encontraron tres kilos de coca en grapas, listas para venderlas como si fueran caramelos.
Llamaron a la policía y a ustedes. Se me caía la cara de vergüenza
porque todos me señalaron como una pinche vendedora
y drogadicta. Esas revisiones que me hicieron en el ministerio público para ver si no tenía escondida más droga en mis partes; interrogarme hasta el cansancio que quien me surtía y si no cantaba, me iba a arrepentir toda la vida.
Ustedes no me apoyaron y al contrario, me juzgaron como caso perdido y un paria para la sociedad. Ahí estaba mi hermanito Juan, sonriente y complacido con mi suplicio, nunca tuvo los pantalones para asumir su responsabilidad y ni siquiera, ya cuando todo pasó, no me ofreció disculpa alguna, pero eso si, me expulsaron de la secu y pasé a ser la drogadicta de la colonia.
Nunca te reclamé nada, papito querido, porque los quería y era mejor tener una familia, con sus fallas y problemas, pero familia al fin. Pero no me di cuenta el deterioro que me hicieron, han pasado los años y sigo dañada, muy dañada.
Querido papito lindo y querido: han pasado los días y no podía dormir. Me sugirieron escribirte para poder sacar todas
esta ponzoña que tengo y al fin, poder liberarme de mis pesadillas.
Sin embargo, en el hospital no pueden darme tantas hojas para escribirles como quisiera. Dicen que es un trastorno lo que sufro y no se qué más, consideran que con varios años más de terapias y tratamientos psiquiátricos, podré salir sin alucinar que me quieren hacer daño.
Se supone que la familia te protege; entonces, si ustedes son lo único que tengo ¿qué mal le hice? He pasado horas y horas con mi terapeuta tratando de aceptar todo lo que me pasó y realmente no puedo. Sabes que busqué en la religión respuestas a mi sufrimiento y sólo encontré estafadores y pedófilos peores que ustedes.
Pero juré no hablar de mí porque ya los he aburrido por muchos años de mis cosas. Te escribiría que los extraño y cuento los días para volver con ustedes, pero no es cierto y para que los engaño. Y de pasado no me engaño a mi misma.
¡Lo que hace el sufrimiento! ¿Verdad?
Sin embargo, espero que se encuentren bien. Si alguna vez te preguntas si los perdoné, les respondo que estoy en ese proceso y estoy optimista de que algún día llegue a la sabiduría
del perdón al prójimo, cuantimás a mi familia.
Eso si, los podría perdonar, aunque deseo con toda mi alma que Dios nunca los perdone y se pudran en el infierno.
Besos.
Tu hija Lucy.
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hasta pesadillas tuve ya no lepongas esos titulos pk siempre vengo bien contenta a leer lo q escribes