Exilios.
Posteado abril 8, 2011 por varilionamodeluniverso
Varias veces mi ilumina esa figura retórica llamada inspiración. Estoy convencido que no existe tal cosa y solo es resultado del trabajo y la disciplina que le pones a lo que te gusta; sin embargo, el tomar café todo el día de manera desproporcionada, me resulta un estímulo para todo lo que hago y dejo de hacer. La taza de café me guiña un ojo como si fuera una prostituta que no cobrará su cuota con tal de tenerme entre mis manos para olerla y saborearla. En este momento estoy en sus brazo, sobierno el líquido oscuro que tanto me gusta.
A veces me sorprendo de lo que soy capaza de hacer o decir. No puedo explicarlo porque todos los momentos de vida se han regido por absurdos que determinan mi camino. No me quejo porque elegí un tipo de vida llena de incomodidades y estar alerta a lo que sucede a mi alrededor, eso es mejor que vivir adormilado, convencido que vivo en el mejor de los mundos posibles, dejando que otros decidan por mi.
No se, pero el café me está estimulando a pesar que llevo varios días sin dormir bien y utilizando mis pobres conocimientos para los proyectos que llevo a cabo. No es justificación ni mucho menos, pero el ser obsesivo me ha llevado a pensar en cualquier clase de casos y cosas que la mayoría de la gente a mi alrededor no puedo explicarle cabalmente.
¿Soy un genio incomprendido? Nada de eso; no aspiro a serlo, pero la simple idea de pensar que cuando mi cuerpo sea devorado por los gusanos, no deje algo permanente, me agobia, me pone mal, me hace sentir inutil.
A lo que voy con todo esto es que hoy, me puse a pensar en una serie de factores que me han llevado a escribir estas líneas, para explicar que a pesar de mis desamores y mi soledad, escribo y pienso más amorosamente que muchas parejas en su estapa más intensa; no soy una mente privilegiada, pero me preocupa el nivel de ignorancia en temas fundamentales del conocimiento humano que tienen los estudiantes de las universidades y los mal llamados profesionistas, que a cada rato les doy la vuelta en algo tan sencillo como la ortografía y como escribir, como si no lo aprendieron en la primaria; tengo un buen acuerdo con la tristeza, ella no ataca mis recuerdos y yo no la invoco, así de simple; prefiero escuchar y ser el más ignorante con los que reuno, pues es en las pláticas con mis amigos he aprendido más que en cualquier aula y no me refiero a la práctica, sino a la teoría.
¿De donde me llegó la rebeldía si de niño y adolescente era de lo más tímido y conformista? No lo se y prefiero no averiguarlo, no vaya a a ser que venga un rayo a revertir mi forma de vivir y ver la existencia. Tal vez fue en aquel concurso de fotografía, que gané el primer lugar y me pidieron cambiar el título de mi trabajo porque les parecía muy poco respetuoso -lo nombré “Ejemplo abstracto de una idea mamona”- y de plano preferí no aceptar el premio que cambiar el nombre. Ese es solo un ejemplo.
No se a bien porque lo titulo Exilios, tal vez porque para llegar a ser lo que fui, tuve que buscar en otro país explicaciones a un mundo que no entendía y terminaba llorando todas las noches porque no encontraba mi lugar en este mundo tan complejo, tan lleno de inmundicias y bellezas.
Será porque tengo que exiliarme a cada rato para sacar lo mejor de mi, con mis limitaciones y mis pobrezas espirituales; o que me consideren un paria dentro de un sistema que acepta la conformidad y no les gusta mi forma de ser tan poco complaciente e irónica; o tal vez exilio mis temores en tinta negra para expulsarlas.
Solo se que en este momento bajaré a la cocina por otra taza de café.

