Fragmentos del pasado con nuevos (no tantos) rostros
Posteado marzo 12, 2011 por varilionamodeluniverso
¿El Partido Revolucionario Institucional (PRI) aprendió de sus errores del pasado? ¿Tiene el camino allanado para regresar a la Presidencia de la República en 2012? ¿Puede interpretarse la llegada de Humberto Moreira como presidente nacional como la pieza que faltaba para que el PRI regrese al poder? ¿Es así de simple?
La furia que demostró la cargada de búfalos, con fallas en la organización tan evidentes que no se desbordaron más porque el ánimo era demostrar unidad a toda costa, expectativas no cumplidas que se disfrazaron de consignas de “regresaremos”, una militancia ansiosa de patentizar que el proyecto tricolor está vigente, un escenario que –ironía de ironías- fue construido para el lucimiento blanquiazul y fue testigo del inicio de la campaña presidencial del 2012 del PRI.
El optimismo exacerbado que se dio desde las primeras horas del viernes 4 de marzo, con largas filas de transeúntes con banderas de sus diferentes sectores, camionetas ultimo modelo con el funcionario de partido o de gobierno, listos para aparecer en la foto de los diarios, los camiones que subían y bajaban caóticamente con militantes listos para ovacionar al nuevo líder.
Las formas del Revolucionario Institucional no han cambiado sustancialmente en las cuestiones de los eventos masivos: largas colas de hombres y mujeres para recibir la camiseta, la cachucha, el lunch y las banderitas tricolores para estar en un solo color. A las afueras del Centro de Convenciones se arremolinaban las huestes del orgullo tricolor para alcanzar lugar y ser partícipes en el evento histórico de un priísmo que viene por todas las canicas. Las mantas de agradecimiento a todo lo hecho y por hacer a Humberto Moreira, ejércitos rojos que emulaban los mejores tiempos del priíato, en que no existía el ciudadano, sino los líderes que debían ser seguidos por los militantes y la disciplina a toda costa.
Adentro del recinto, la multitud se dividía en las huestes coahuilenses y neoleonesas, que eran las más ruidosas y echadoras para adelante. Las demás, estaban disciplinadamente sentadas, esperando el momento para aclamar al líder que le devolverá la grandeza que mucho a adquirido a partir del 2009. Pero lo problemas comenzaron: las fallas de logística y organizativas cobraron facturas muy temprano, antes que llegaran los pesos pesados del priísmo nacional. A pesar que los lugares estaban asignados de acuerdo a los diferentes comités estatales, llegaban militantes de todos lados y se sentaban, sin que hubiera un grupo de organizadores que pusiera orden. La entrada al recinto por si solo era desesperante: los arcos detectores de metales no funcionaban a pesar que simulaban que si; al momento de llegar a la fila, se arremolinaba la gente y no respetaban lugares. El chiste era estar presente a como de lugar.
Llegaban y llegaban camiones con decenas de militantes y simpatizantes, que buscaban lugar sea donde sea adentro. A las afuera, estaba listo el templete donde Margarita, la Diosa de la Cumbia, amenizaría. Pero a muchos lo que les interesaba era estar entre los elegidos que aclamarían al ex gobernador coahuilense. Hay de multitudes a multitudes. Ya no había lugar adentro. Los pasillos caminaban nerviosos los organizadores, los asistentes buscaban lugar donde no había y en las afueras, las turbas tricolores reclamaban entrar hasta que comenzaron los portazos por todos lados. Los organizadores argumentaron que “no esperaban tanta gente al evento”; un priísta de Nayarit dijo “Pues quien los entiende. Mejor que sobre y no que falte”. Y sobró, y mucho. Ante tal asistencia, mismos priístas alegaron que fueron discriminados, ya que ellos tenían lugar apartado adentro del recinto, pero que no fueron respetados y que no los dejaban entrar. Igualmente llamó la atención un dato: la delegación que menos militantes trajo fue, para tomar en cuenta, Querétaro. Ante tal desorganización, los conatos de pelea no se hicieron esperar porque en las primeras filas, no dejaban pasar ni a los invitados ni a los conocidos, pero militantes que no les correspondía ahí, se brincaron el listón de seguridad y de ahí no los movieron. Inclusive varios presidentes municipales queretanos pasaron por otra entrada para encontrar lugar. Los gritos y empellones por estar cerca del máximo estadista, el que llevará de regreso al inmueble que el PRI prestó: Los Pinos.
Pero el entusiasmo era diferente. A pesar de las muestras de optimismo, los certeros golpes que recibieron en Guerrero y Baja California Sur, no era motivo para desbordarse y mejor cantar loas al líder, pero siempre al alba porque viene la madre de todas las batallas: la elección del gobernador del Estado de México.
Llegó la plana mayor priísta al templete: los Beltrones, Paredes, Gamboa Patrón y Gamboa Pascoe, los Herrera. Los mismos rostros de antes de la alternancia del 2000, pero con nuevos bríos para tomar las riendas de un país fallido. Ahí se observaba a los funcionarios estatales y municipales de las administraciones priístas paseándose, mostrando su orgullo tricolor a todo lo que da; la única interrogante a todo esto es ¿les habrán descontado el día por faltar a sus obligaciones como servidores públicos? No importa, el partido es primero.
Pero no era escencial las fallas, al final eran parte de la parafernalia del orgullo tricolor presente en un estado que se ufanaba el panismo de ser uno de sus principales bastiones y hoy, tiene que mirar a lo lejos una de sus obras arquitectónicas profanada por bandas de hombres y mujeres orgullosamente priístas. Al momento de que el maestro de ceremonias comenzó la bienvenida, los empujones, mentadas de madre y golpes se olvidaron porque el evento de eventos comenzaba. Por mucho, el discurso del gobernador José Calzada, fue el más conciso y sereno. Fue directo y fue un mensaje de optimismo para sus correligionarios, pero hasta ahí.
Fue la toma de protesta y la multitud de fotógrafos buscaban acomodarse para sacar la mejor placa de la nueva dirigencia nacional, que echará adelante a un priísmo de nuevos bríos, pero con los mismos rostros.
Enrique Peña Nieto, el político galán de la telenovela llamada Política Mexicana, llegó tarde porque no encontraban lugar para aterrizar su helicóptero y prefirió la discreción porque no era su evento –pero en el futuro, el será el ojo del huracán de todas la batallas electorales-.
En su discurso, Humberto Moreira fue directo, pero no quiso confrontarse con las otras fuerzas políticas. Aunque presumió los logros de las administraciones priístas, a lo que en twitter, el regidor síndico panista de Querétaro, Miguel Parrodí ironizó: “Entonces duró dos minutos el discurso…”.
Pero la cautela contrastaba con los gritos de los asistentes “Sacaremos al PAN de Los Pinos”, “La derecha no gobernará más el país”, “Peña Nieto, nuestro presidente”, “Somos orgullosamente priístas”. Pero la gente ya estaba cansada. El largo viaje, las francachelas vividas la noche anterior al evento, el agotamiento de la adrenalina, la insolación, la sed, el fastidio hicieron mella en los asistentes y desde el final del discurso del gran líder, Humberto Moreira, comenzaron sigilosamente a salir. Y más aún, si en otra de las fallas de organización ponen al final del evento el himno nacional en lugar de estar en primerísimo lugar, pues más mortifica al respetable que asistió. Poco a poco, discretamente salieron para buscar un lugar, un refrigerio, un refresco para beber y los vendedores ambulantes hicieron su agosto. Aún así, muchos se quedaban en los pasillos para buscar la foto con el líder, con los primeros priístas de sus respectivos estados. La mayoría de la plana mayor subió discretamente por los ascensores para convivir y compartir el pan y la sal en comida ofrecida por el gobernador queretano. Para el pópulo, el camino de regreso llevó a varios caminos a pesar que había uno solo. Los que venían en camión, mejor bajaban caminando para evitar la aglomeración y el tráfico. Los que llevaban vehículo, tenían que resignarse a esperar llegar a la carretera un mínimo de dos horas y los más listos, mejor se sentaban y dejaban pasar el tiempo hasta que se encontraran las condiciones de tomar el rumbo a sus hogares.
Llegar al poder
La toma de protesta de Humberto Moreira, como líder nacional del PRI, para muchos es el arranque del camino hacía la Presidencia de la República.
Para otros, el real punto de partida y termómetro, serán las elecciones estatales del Estado de México, en donde el bastión priísta más importante del país, será puesto a prueba contra una probable coalición de partidos. Huelga reconocer que el PRI ha mantenido su estructura y las lógicas del poder que detentaban antes del 2000, siguen vigentes en la mayoría de los estados. Los nuevos tiempos de alabanza y reconocimiento del dinosaurio priísta que nunca se fue, no son más que el presagio de un proceso electoral difícil y doloroso para el ciudadano.
No hay en el PRI, una propuesta de país clara más allá de la nulidad como opción de gobierno del PAN y la ya crónica enfermedad de la izquierda mexicana: la fragmentación de todas las tribus. Mostró el orgullo tricolor su músculo con huestes alimentadas de tortas, vestidas con playeras rojas con el logo del PRI, armadas con banderas de los sectores que representa el partido y enardecidas con un discurso de victoria que suena hueco y sin esencia. ¿Es así de simple? ¿El PRI entenderá que son los tiempos del ciudadano y no del corporativismo? ¿Será inevitable su llegada a Los Pinos? ¿Qué gana el mexicano que regrese un partido gracias a la debilidad de sus oponentes y no por sus propuestas de gobierno?
En 2012 lo sabremos.

