La Señora de Todas las Alianzas
Posteado marzo 12, 2011 por varilionamodeluniverso
El horizonte grisáceo del Distrito Federal, anteriormente conocido como la región más transparente, más que deprimir, inspira a la Señora de todas las Alianzas, que sabe que ningún futuro es de color del arcoíris, sino se pinta con colores del dinero y del poder; no se sueña, se ejecuta; no se bebe socialmente, se acuerdan candidaturas con sabor a Buchanan’s o Etiqueta Negra; la traición no es pecado capital, es la máxima de la alta política.
Nacida en Comitán, Chiapas, tierra de zapatistas y tierra de la gran Señora de todas las Educaciones, del magisterio. Presidenta vitalicia del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), nada más el sindicato más grande de América Latina, por si solo, la estructura con la que cuenta la hace todopoderosa, con fuerza para sentarse tu a tu con cualquier líder, con cualquier presidente y más si es uno como el fallido Calderón.
Mujer que supo subirse al carro de los ganadores asumiendo los costos de la misma: francachelas, casarse siete veces con hombres cuya característica en común es que todos se llaman Francisco; amante de la brujería y degustadora del buen whisky. Los hombres le temen por su personalidad de chiapaneca ladina y arrebatada, que envuelve con sus palabras sus más oscuros deseos, sea conseguir una noche de sexo salvaje o acordar posiciones a cambio del apoyo del magisterio.
La única Maestra, que ordena y manda a cerca de un millón de maestros, tiene la puerta abierta en Los Pinos, residencia de hombres que detentaban en los años dorados del priato todo el poder, nada pasaba si su anuencia y su palabra era Dios, hoy ese poder le pide a Dios llegar vivo al final de su sexenio. Hoy la Señora de todas las Alianzas se habla de tu con el Primer Mandatario, pero ella tiene la última palabra en todo y con todos.
Amante del budú y de la santería, se ha protegido de los karmas que destruyen y cobran los pecados cometidos en aras de llegar al poder. Ella tiene muchas facturas que se cobrarán en su momento, pero sigue siendo protegida por Orishas Oya y Shangó, que la rodean del aura de impunidad y fuerza para no claudicar ante la curva descendente de los prescindibles.
¿Cómo pudo una humilde profesora de primaria en Netzahualcóyotl convertirse en La Maestra? No hay una respuesta simple porque en política, la suma de factores como traición, grilla, oportunismo, servilismo, inteligencia, no tomar las cosas de manera personal, frialdad, serenidad y no tener temor de Dios, hacen que lo fantástico se convierta en costumbrismo.
Fue gente de Carlos Jongitud Barrios, que hasta 1989 era el hombre del magisterio y leal soldado del presidente priísta en turno; pero el señor Presidente necesitaba legitimidad después del fraude electoral de 1988 y el Caudillo derribó a un cacique para poner a La Maestra. La diferencia fue de nombre, no de fondo.
Ella navegó en aguas turbias y revueltas en los años de Salinas, Zedillo y Fox; impuso su personal estilo de gobernar con el palo y la zanahoria, con el apapacho y el exilio. Temió que con la famosa alternancia, llegará el fin de su mandato y el panismo belicoso pusiera a sus incondicionales; sin embargo, pronto midió al hombre de las botas y descubrió que no era un político, sino un personaje que no tenía idea de lo que es ser presidente y lo apapachó en lugar de enfrentarlo. Pronto tuvo su recompensa.
Ella es y será siendo priísta hasta que muera. Si fue expulsada de su partido o renunció, es ya ocioso. Creyó en la palabra de Roberto Madrazo y lo apoyó en su trayectoria como candidato a la presidencia de su partido, pero al ser traicionada, juró que regresaría con bríos y cobraría muy cara las afrentas.
Cuanta razón tuvo. Dice el dicho que no hay peor enemigo que una mujer engañada, con rencores, dolida. Vislumbró que ya no bastaba un México con un magisterio fuerte, sino necesitaba otra forma de control, un ejército electoral que mostrara el músculo del docente sin aparecer como tal, una legión de operadores políticos y funcionarios electorales comprometidos con Dios o con el Diablo, según la mayor ganancia que obtuviera la Señora de todas las Alianzas, ahí nació el Partido Nueva Alianza (PANAL); y su utilidad se vería en el 2006. Y en la campaña del 2006, logró que los gobernadores priístas de Sonora, Tamaulipas, Sinaloa, Chihuahua traicionaran a Roberto Madrazo, el candidato presidencial tricolor, a favor de Felipe Calderón.
Ella fue factor del triunfo del hoy presidente fallido con un partido que nunca obtendría el poder por el voto, sino por los acuerdos en lo oscuro.
Con Calderón consolidó poder, dinero e impunidad. No se ve en horizonte más omnipresencia en el magisterio, en el PANAL, en la educación, en Los Pinos, en las arenas políticas, que su chiapaneca palabra.
¿Está tentada a buscar la Presidencia del la República? Tal vez, pero ante el desgaste de dicha figura en los últimos cuatro años, es mejor para su proyecto ser el soporte en las arenas movedizas de la política que ser la imagen de un pasado de oportunismo y traición.
¿A quien apoyará en las presidenciales del 2012? Ella puede ufanarse de prender varias veladoras y quedar con muchos –no con todos-, para continuar detentando el poder de un magisterio de profesores mal preparados que enseñan a los futuros ciudadanos de México.
Mientras hoy, ella disfruta las mieles y amarguras del poder, Roberto Madrazo –el político que la traicionó- es solo anécdota de trampas en algún maratón o cenas organizadas por el Caudillo para su delfín, el hombre del Estado de México.
Ella está convencida que todo lo que hace es porque así es la política y una mujer que ha llegado a esos niveles, hace de la rudeza el lado femenino de la tenebra.
Si es vilipendiada como la mamá de Chucky, señal que no pasa desapercibida su presencia; si es marcada como un cacique magisterial, lo es y no le importa; si la acusan de no mejorar el nivel educativo de los infantes, ella responde que para eso están las escuelas privadas que ya son deducibles de impuestos.
Ella paga los costos de ser la Señora de todas las Alianzas, al fin y al cabo, solo se vive una vez.
Por supuesto, Papá Shangó y Oya la protegen. No puede pedir más.

