Oscuro amor

Posteado noviembre 12, 2010 por

En realidad la vida la hizo para divertirse de la mejor manera. Pero su soledad lo abrumaba y el aburrimiento lo abatía al pasar de los años. A pesar de las deudas que debía en el pasado y que se las estaba cobrando el presente, evitaba por cualquier motivo pensar en ello y es por eso que se refugió en la computadora como su relación más duradera.

El uso de esa herramienta llamada Internet le maravilló desde el primer momento. Ahora no tendría que averiguar como eran las vidas de otras personas en países que ni en sueños pensaría visitar por falta de recursos económicos, para eso era el ciberespacio, para conocer y saberse que no era el incomprendido en un universo tan chico como era el de su pueblo natal.

Entrar a la supercarretera de la información abre espacios, amplia brechas y ahonda soledades, pues ya no necesitas el contacto humano para intercambiar opiniones, sino simplemente una conexión de banda ancha y un equipo que aguante tener varias ventanas abiertas al mismo tiempo en la pantalla.

Fulano comenzó con una hora, después dos, tres, cuatro, hasta que acumulaba jornadas de 12 horas sentado frente al monitor, intercambiando, escribiendo, opinando, escribiendo de todo y de nada; en foros política, sociedad, religiones, etcétera, era estar ahí presente aunque a nadie le importaba.

Siempre Fulano se sintió solo y su único alivio era estar frente al monitor para evadir la realidad de no tener amigos, sin trabajo, sin nada que hacer mientras el tiempo pasaba frente al Messenger o Facebook.

Fulano es parte del 26 por ciento de jóvenes entre 15 y 29 años que usan las redes sociales para comunicarse, desdeñando las tradicionales reuniones en las esquinas o en el parque. Sin embargo, su razón es la soledad que le agobia y es por su timidez crónica para entablar relación amorosa alguna. Pero en la computadora se desinhibe y se siente como un ser único, diferente a todos los demás, poderoso, imbatible.

Entre los muchos sitios de intercambio de opiniones o conocer cibernéticamente a perfiles tan diversos como “Hombre Religioso” o “Macho Calado 2.0”, tiende a comprometerse con lo que dice y le vale madre si con quien platica es hembra, varón o varios en busca de la burla más sarcástica.

Pero en uno de esas tardes que hasta el ordenador aburre con su rutina, conoció a Raquel, un perfil que citaba a un texto de su autor favorito, Federico García Lorca y ahí, en la ventanita, comenzaron a conversar con teclado de por medio.

Se comunicaron de todos los medios y Fulano por primera vez sintió algo diferente en sus adentros. Era que se estaba interesando por una persona que no sabía a ciencia cierta si existía. ¿Podría existir el amor cibernético?

Continuaron horas, días, semanas de intercambios de textos y casi sin proponérselo, le pidió que fuera su novia, a pesar que Raquel le confesó que vivía a cinco horas de donde él reside; pero a Fulano no le importaba, porque encontró el amor entre avatares y smiles.

Al confesarle que sentía mucho más que una simple amistad, ella escribió que no podía ser y él, con una determinación que no conocía, siguió hasta que leyó la frase que tanto anhelaba en su vida, “Si, acepto ser tu novia”.

Para su vida cambió y concibió las cosas desde la perspectiva del enamorado. Ya no era un simple usuario, era Raquel, su Raquel. La mujer de su vida y le pidió su teléfono para escuchar su voz. Ella al principio escribió renuentemente que no podía, pero la determinación de Fulano era avallasadora y no aceptaba un no como respuesta.

Por fin consiguió darle el número e inmediatamente le llamó. Al escuchar su voz, escaló a la cima del cielo sin haber muerto. Era la felicidad completa.

Platicaron largos días, haciendo más rico a Carlos Slim con sus tarifas congeladas de larga distancia. Fue un buen día que Fulano le dijo con determinación “quiero verte”; ella ya no pudo negarse porque era inútil. Le proporcionó un lugar en su ciudad para verse y por fin, encontrar el amor físico que el platónico había agotado.

Pasaron días que se convirtieron en semanas y al tomar el camión hacía su feliz destino, las cinco horas de trayecto se convirtieron en kilómetros de impaciencia y ansiedad. Al divisar la ciudad, las mariposas que todo enamorado guarda en el estómago, comenzaron a revolotear.

Por fin era su día y su hora de cobrarle a la vida los sinsabores que sufrió en sus años de estudios y decepciones. La imaginaba como una novia color de sueño, ni más, ni menos.

Esperó la esquina del restaurante convenido y portaba en su mano derecha un ramo de rosas rojas como ofrenda de su amor imaginario. En ese momento se acerca una señora de alrededor de 50 años de edad y le pregunta: “Es usted Fulano”; “Si”, contestó temiendo que su amada Raquel fuera esa dama de carnes flácidas y rostro cacarizo; “Hola, soy la mamá de Raquel, me pidió que viniera por ti, te está esperando a dos calles adelante”.

Fulano no tuvo por qué dudar de su mamá. La acompañó hasta una casa de fachada cursi y pintura color pastel. Entró sin ningún temor y lo primero que vio fue el piso, con una multitud de pies aplastándole la cabeza.

Apenas pudo mirar un poco hacía arriba y volvió a mirar a la señora, que le dijo “¿A poco no te gusto como Raquel?”. Entendió en ese momento que cayó en una trampa. En ese momento escuchó el grito “¿Ya tenemos carne?” y lo último que vio en su vida, fue un dildo y vasenol.

De ahí, solo sintió un enorme dolor en su recto, antes de sentir un cuchillo que cortó su garganta.

Nunca pudo ver a su novia color de sueño.

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