Vamos uniéndo voces a esto.

Posteado enero 13, 2011 por

 

Viendo la entrada de Pillis de No + sangre donde desde este blog nos hacemos eco de la propuesta de Rius para hacer un llamado a los responsables de esta “guerra” fallida a que se replanteé la estrategia y se detenga el derramamiento de sangre de mexicanos entre mexicanos por mexicanos del cual, y aunque a algunos les cause escozor, Calderón es, desde su posición de comandante en jefe, principal responsable; recapacito sobre lo distinto que se percibe este estado de muertes lentas que viven el estado y la sociedad mexicana desde alguna de las zonas con más hechos de sangre y por ejemplo la capital del país, son realidades totalmente distintas.

Ahora radico en México D.F. pero soy originario de Matamoros Tam. Ciudad que para nadie es secreto que se han vivido algunos de los episodios más sangrientos de este periodo de esquizofrenia calderonista y se palpan estados de ánimo distintos en la ciudad en general así como en los semblantes, el lenguaje de la gente o la simple y aparentemente sin importancia decoración de la reciente época navideña que acaba de pasar donde en ciudades como Matamoros en muchos hogares y calles brillaron por su ausencia las luces y decoraciones alusivas a la navidad. La ausencia de este tipo de hechos que antes nos podían parecer inocuos son ahora signos de decadencia. El no repintar las casas en Morelia es otro de esos signos de decadencia.

Y antes hablaba yo de esquizofrenia calderonista porque es lo que empieza a permear en buena parte de la sociedad mexicana y en especial en la que vive en zonas de sangre. Muchas de estas personas tienen como prioridad escapar de sus ciudades o de plano otros lo han hecho ya como los casos de emigraciones masivas de algunos de los poblados de la llamada “frontera chica” de Tamaulipas, Cd. Mier es el caso emblemático de esto que cuento. La gente quiere escapar, evadirse, huir de la realidad en que nos han metido unas autoridades que antes que procurar nuestra protección nos califican de objetos desechables prestos a ser calificados de “daños colaterales” o en el mejor de los casos “lamentables” bajas civiles.

Desde México capital puede parecernos tan lejana y ausente la violencia y sangre de este sexenio de la muerte pero sólo es otra ilusión de esta locura genocida que como generación vivimos y nos toca la responsabilidad de parar. Si no somos capaces de solidarizarnos y empatizar con otros mexicanos que viven a diario bajo la amenaza de muerte de recibir una bala perdida como regalo de este gobierno, si seguimos metidos en la burbuja de falaz inmunidad que nos proporciona la distancia y creemos que es cierto eso que dicen que “mientras a mi me vaya bien…” si no somos capaces de rebelarnos con la razón, la inteligencia y la creatividad ante esta situación de muerte y asesinato, será cuestión de tiempo para que la sangre nos toque.

Por eso mismo no hay que dejar de denunciar y de reclamar: No + sangre.

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